Pasear es siempre un modo placentero de distraerse y, sobre todo, muy económico. En Calella, ciudad de incontables medios para la diversión, también se agradecen esos espacios vastos y aireados, tales como el Paseo de Manuel Puigvert, que nos alejan del compacto ir y venir de los turistas por las céntricas calles.

Esta amplia ronda se extiende paralela a la calle Amselm Clavé, entre las vías del tren y la franja de playa. Nace muy cerca de la estación y termina en el puente de madera que da inicio al Paseo Garbí, en la zona hotelera. La urbanización del área fue iniciada a mediados del siglo XIX por Manuel Puigvert, quien fuera alcalde de la ciudad; de ahí que a principios del XX, la obra de remodelación del arquitecto Jeroni Martorell se haya dedicado a él. El estilo del famoso arquitecto se puede apreciar en luminarias y mobiliario urbano, pero no hay dudas de que entre los atractivos más notables del paseo se encuentra la balaustrada que lo separa de la zona de playa, construida en piedra y adornada con elementos neoclásicos, típicos del movimiento catalán noucentista.

Es extremadamente agradable caminar por allí, especialmente en las tardes de verano, pues los plátanos de sombra, árboles centenarios que crecen en gran parte del recorrido, le aportan una frescura que gratifica mucho. En las mañanas es muy recomendable para correr, aspirando la brisa marina, y a cualquier hora del día es un sitio ideal para sentarse a conversar o leer.

Aquí también encontramos uno de los espacios lúdicos de la ciudad, con zonas para juegos infantiles, y cercano a los chiringuitos de la playa, donde detenerse y refrescar. Evidentemente, uno de los lugares preferidos por los visitantes y habitantes de Calella es este, su paseo marítimo.
Foto de portada: cedida a Wikimedia Commons por Ayuntamiento de Calella.