Literatura de viajes: José Martí de Cabo Haitiano a Dos Ríos

Literatura de Viajes

«La lengua de los poetas no es sólo verdad, es también belleza»1

En la historia de la humanidad hay infinitos testimonios de viajes y viajeros. El hombre primitivo necesitaba viajar para sobrevivir y dejó constancia de sus desplazamientos a través de pinturas rupestres. Según varios estudiosos del tema, La Biblia y La Odisea son de los primeros textos en los que se relatan viajes y Herodoto, Pausanias y Jenofonte, los primeros autores que registraron sus experiencias de viajes.

No obstante, la relación entre literatura y desarrollo del turismo se reconoce a partir de los últimos años del siglo XVIII europeo. El movimiento romántico, liberador de las ataduras que el neoclasicismo impuso al lenguaje, fue también precursor de la concepción moderna del turismo. La revolución del lenguaje que se inicia con el romanticismo, definida por Víctor Hugo como «una tempestad en el fondo de un tintero»2, proporciona a las almas sensibles y observadoras los útiles para exponer sus impresiones de viajes.

El romanticismo dio paso a un adjetivo luminoso que permitía la excelencia de lo pintoresco, que servía de sostén a las peripecias sentimentales del mundo interior del autor y reforzaba la imagen del paisaje exterior a él, donde encontraba el alimento para prolongar su inspiración. El lenguaje se enriqueció con neologismos, arcaísmos, préstamos y tropos, pero «el adjetivo fue el arma más socorrida».3

«Los viajeros románticos», como se denominaba a grandes figuras de la literatura universal, son todavía puntos de referencia en la asociación de imágenes de localizaciones europeas. Washington Irving, Lord Byron, Stendhal o George Sand describieron en guías y diarios de viajes las características del paisaje natural, humano y urbano del siglo XVIII europeo. La palabra alcanzó independencia y comenzó a participar tanto de la belleza como de los adelantos científicos, como afirma Ferdinand Brunot, «todas las palabras nacen libres y con igual derecho».4

Las descripciones de los románticos, a pesar de no ser siempre favorecedoras, están impregnadas de una admiración por lo que se observa, de un redescubrimiento constante. De las sensaciones que produce el encuentro con lo extraño. Estos viajeros son los que darán fama a espacios dedicados al ocio en lo que hoy llamamos literatura de viajes, género cuestionado por muchos porque, al igual que el mismo viaje, trasciende las fronteras de otros géneros.

«Entre los géneros y tipos de texto integrados en el relato de viajes se hallan: el diario y la estadística, el material gráfico y el cartográfico, el tratado político y la narración literaria, el ensayo filosófico y el comentario científico, la leyenda y la autobiografía, además del tratado geográfico y el estudio de campo etnográfico».5

La fascinación de los relatos de viajes radica en el movimiento que se descubre en la escritura, en la identificación del lector con el instinto nómada del ser humano, con el deseo  de experimentar su realización en otras circunstancias, y en el mestizaje de varios géneros literarios que mezclan las narraciones históricas con la descripción del escenario humano y geográfico de otras culturas, el espíritu de aventura o el viaje imaginario o real de los protagonistas.

La literatura de viajes convierte las coordenadas espacio-tiempo en el espacio geográfico de una región. «El relato de viajes es un género de lugar, mejor dicho, de cambio de lugar y de permanente determinación de nuevos lugares»6. Muchos son los libros de viajes a través de los que se pueden estudiar momentos importantes de la historia de la humanidad y, entre ellos, la documentación de las expediciones es de las más logradas. No pueden olvidarse las crónicas de viajes de Marco Polo, las fantasías viajeras de Julio Verne y más contemporáneas las de Noah Gordon. También los libros de viajes constituyen auténticas joyas de la publicidad turística en tanto describen, con admiración, gusto o disgusto, los recursos turísticos de las regiones visitadas.

Literatura de viajes

José Martí y la literatura de viajes

Tampoco José Martí pudo sustraerse a la fascinación de narrar sus viajes, en los cuales «la diversidad de usos y costumbres de los varios pueblos, y aun del mismo pueblo, según los tiempos, son una fuente perenne de novedad».7Al impulso del romanticismo de revolucionar la lengua responde Martí, pero con la convicción y la práctica de que «las palabras están de más cuando no fundan, cuando no esclarecen, cuando no atraen, cuando no añaden»8.

«Lo excepcional en Martí consiste en no haberse dejado dominar por aquellas reservas [de los románticos] e incorporar a su expresión cuanto halló conveniente para su propósito literario».9 Sus impresiones de viaje son fuentes de las que hay que beber para completar el conocimiento de la realidad americana; realidad histórica, geográfica y cultural. La irreverencia del trópico, el pintoresquismo, el contraste, la sustancia mestiza toman cuerpo en sus relatos.

«En la obra de Martí el adjetivo logra el máximo poder de condensación, y quizás su mayor originalidad resida en los que deriva de personajes históricos y literarios, o topónimos, ya que en una sola palabra evoca la historia y las características múltiples que se asocian a la figura o al lugar»10.

De ahí que en sus Diarios de Campaña, el empleo de cuidadosas imágenes y las descripciones de la flora y la fauna, las costumbres, los enclaves humanos y las construcciones, son los recursos que utiliza para «excitar el interés», pero sin  hacer a un lado ese sutil matiz didáctico que convierte esta obra en documento imprescindible para inventariar los recursos naturales y culturales de esta zona del Caribe.

En los Diarios de Campaña se aprecia el mestizaje de géneros del que hablamos antes. A pesar de su indiscutible reinado en los testimonios que consolidan la literatura de campaña cubana, el espacio que encontramos clasificable como literatura de viajes no es pequeño. Martí no pudo sustraerse a pintar con palabras los parajes que recorría, aun cuando su razón estuviera poseída por metas revolucionarias o por contratiempos en el decurso de su complicada vida personal.

Específicamente en el Diario de Cabo Haitiano a Dos Ríos, Martí reafirma su identidad mediante el regreso a su lugar de origen, y se reencuentra con una realidad que se vio forzado a abandonar. Recorre la ruta sabiendo que pertenece a ella, y en sus descripciones exaltadas y expertas de la naturaleza se observa la intención por reconocerse en el medio que trata de redescubrir:

José Martí

«Veo allí el ateje, de copa alta y menuda, de parásitas y curujeyes; el cajueiran, “el palo más fuerte de Cuba”, el grueso júcaro, el almácigo de piel de seda, la jagua de hoja ancha, la preñada güira, el jigüe duro, de negro corazón para bastones, y cáscara de curtir, el jubabán, de fronda leve, cuyas hojas, capa a capa, “vuelven raso al tabaco”, la caoba, de corteza brusca […]».11

Al parecer Martí había concertado cierta estructuración temática para su diario, pues en todos los casos describe sus breves períodos de «alojamiento», anota los detalles de dónde y cómo duerme y cuáles han sido los alimentos que ha consumido, sin olvidar una descripción del entorno. Su intención de registrar estos datos queda evidenciada en un fragmento de la descripción de su estadía en la pendiente de Palmarito en la cual se percibe cierta complicidad con el lector, la disculpa por el olvido de un compromiso que ha contraído de forma consciente: «Se nos olvidó la comida: comimos salchichón, y chocolate, y una lonja de chopo asado».11

La precisión en los detalles hace suponer que, si bien encargó a las hermanas Mantilla el «trabajo de cariño» de hacer una historia a través de la onomástica registrada en la primera etapa de su viaje, desde su salida de Nueva York hasta su llegada a Cabo Haitiano, mantenía la misma intención para su «viaje histórico» por la isla de Cuba. Con incertidumbre quizás, por lo incierto de su futuro, pero con la esperanza de que sus descripciones fueran útiles en lo sucesivo.

Para Martí resulta muy importante registrar lo que observa y vive, distinguiendo una especie de gradaciones del «confort mambí», en la cual deja evidente que en los lugares agrestes, de puro monte cubano, se duerme en lecho improvisado sobre el suelo cubierto de hojas, y se tiende la hamaca en las viviendas. Esto ocurre en la mayoría de las acampadas de la expedición:

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Playitas de Cajobabo

Cajobabo: «Dormimos cerca, por el suelo».12

Cueva de Juan Ramírez: «Dormimos: hojas secas: Marcos derriba. S me trae hojas».13

Rancho de Tavera: «[…] me cuelga el General mi hamaca bajo la entrada del rancho de yaguas de Tavera. Dormimos, envueltos en capas de goma».14

De Cabo Haitiano a Dos Ríos se viaja con Martí en espacio y tiempo. Vamos juntos campamento a campamento, no podemos desprendernos de la sensación de ruta. Una singular ruta que para nosotros abunda en conocimientos acerca de los remedios que empleaban los campesinos para curar sus enfermedades, de la vestimenta que usaban los pobladores, de sus sentimientos, preocupaciones, felicidad e infelicidad. Pero sobre todo de momentos decisivos para la historia de Cuba y de la identificación y registro de sus recursos de naturaleza, clima, gastronomía, hábitos y costumbres.

En 1922, una comisión histórica recorrió la ruta desde Playitas de Cajobabo a Dos Ríos siguiendo al pie de la letra lo que Martí registró en su Diario, y durante este acontecimiento el topógrafo militar Rafael Lubián y Arias calculó su longitud, estableciéndola en 375 km, recorridos en 38 días y acampando en 25 localizaciones. Lubián redactó un valioso informe del recorrido al que llamó Ruta de gloria, publicado en 1938. En él se describen las características geomorfológicas y biogeográficas de la ruta después de 27 años de la expedición de José Martí.

Una gran parte de las zonas donde se ubicaron los campamentos fueron señalizadas por Lubián con bloques de cemento, aunque, por carencias de material, en varias oportunidades fueron marcados algunos troncos de árboles del entorno. No obstante, hay evidencias de que la ruta fue recorrida en ocasiones posteriores y seguramente lo será en el futuro.


  1. Ferdinand Brunot. Declaración Romántica. Tomado de: Carlos Ripoll. Martí y el romanticismo: lenguaje y literatura. https://smjegupr.net/newsite/wp-content/uploads/2020/03/14-Mart-y-el-romanticismo-Lenguaje-y-literatura-de-Carlos-Ripoll.pdf. P. 185. (trad. de la A.) Acceso: 22 de mayo 2024. ↩︎
  2. Víctor Hugo. Les Comtemplations. Tomado de: Ibídem, p. 184. ↩︎
  3. Carlos Ripoll. Ibídem, p. 184. ↩︎
  4. Ferninad Brunot. Declaración Romántica. Tomado de: Ibídem. (trad. de la A.). ↩︎
  5. Ottmar Ette. Literatura de Viaje: de Humbolt a Baudrillard. P. 27. Facultad de Filosofía y Letras, UNAM. 2001. ↩︎
  6. Ottmar Ette. Ibídem, p. 37. ↩︎
  7. José de la Luz y Caballero. Elencos y Discursos Académicos. Tomado de: Carlos Ripoll. Ibídem, 193. ↩︎
  8. José Martí. Discursos. Estados Unidos, 10 de octubre de 1890. Obras Completas, T4, p. 248. ↩︎
  9. Carlos Ripoll. Ibídem, p. 187. ↩︎
  10. Ibídem, p. 197. ↩︎
  11. José Martí. Diario de Cabo Haitiano a Dos Ríos. https://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/diario-de-campana-de-cabo-haitiano-a-dos-rios–0/html/dcb1ae40-2dc6-11e2-b417-000475f5bda5_2.html. Epígrafe 9. Acceso 22 de mayo de 2024. ↩︎
  12. José Martí. Ibídem, epígrafe 18. ↩︎
  13. [1] José Martí. Ibídem, epígrafe 11. ↩︎
  14. [1] José Martí. Ibídem, epígrafe 12. Nota: en esta versión aparece G en lugar de S. Es S de Silvestre. ↩︎
  15. [1] José Martí. Ibídem, epígrafe 14. ↩︎

Foto de Playita de Cajobabo (inicio de la ruta de Martí hasta Dos Ríos): Martin Cígler, CC BY-SA 3.0 https://creativecommons.org/licenses/by-sa/3.0, vía Wikime.